De Panamá a Colombia en Velero por las Islas San Blas (Caribe)

27 de noviembre de 2017 • Tiempo de lectura: 6 minutos • 1080 palabras

En cubierta del velero por el caribe observador contempla el horizonte

Por fin llego el día de partir el 17 de noviembre del 2017 por la noche. Un día antes me había tocado preparar e0l velero del ruso para que los tripulantes abordaran con todo listo, mi tarea había consistido en limpiar y ordenar el velero.

Abordo del Velero

Primer día, nauseas, mal de marea!

El ruso me había llevado en su lancha inflable hacia el velero, en cuanto puse un pie en el velero mi estomago replico con un retortijón y me empezaron a dar ganas de vomitar… - uff! - pensé, - ni siquiera está en marcha y ya siento nauseas -. El capitán me había dado instrucciones de como limpiar… no me habían parecido muy claras pero no dije nada porque tuve que entrar al baño rápidamente para ocultar mi malestar e intentar vomitar en silencio. Después el joven capitán me dejo solo en el velero y se fue con otro amigo hacer… “diligencias”. La mayor parte me la pasé vomitando y sin poder limpiar mucho. Tres horas después regreso el capitán para darse cuenta que no había hecho gran cosa en la limpieza externa del velero. Se puso furioso, amenazó con ya no llevarme, un amigo Holandés con el que iba lo instó a que se calme, que era normal lo que me había pasado que me diera otra oportunidad. El Ruso muy a regañadientes aceptó y se volvió a ir del velero con el Holandés, ahora si tuve que poner todo de mi esfuerzo para poder cumplir con las tareas encargadas, entre que limpiaba y vomitaba en el mar pude terminar de limpiar el velero.

En la noche zarpa el navío

Al día siguiente, día de la partida el Ruso llego con la ropa empapada, el capitán Vito se había caído al mar después de perder el equilibrio por los efectos del alcohol. La batería de su celular se había estropeado. El capitancito no podría navegar sin el uso de la aplicación que llevaba en su celular. Le tuve que prestar mi batería sacrificando así la oportunidad de tomar fotos y vídeos del trayecto. Ya al anochecer todo estaba casi listo, los tripulantes, una pareja de Alemania y una Británica Irlandesa nacionalizada Neozelandesa empezaron a abordar. Yo afortunadamente ya me había aclimatado al vaivén del velero, pero ello pasarían por el mismo proceso de mal de marea por el que yo había pasado. Así zarpamos ya al anochecer. Por fin hacia la anhelada Colombia!

Turismo, Kunas, Caribe, mercado negro…

Es increíble la cantidad de dinero que los turistas están dispuestos a pagar por una “aventura” en las islas de San Blas en el Caribe. La cultura Kuna, que es la que se encuentra en esas islas están más que acostumbradas al flujo de turistas, una cultura que se ha adaptado al flujo del tiempo sin perder su forma de vida en las islas, preservando sus usos y costumbres ancestrales. En su paso del tiempo, debieron comerciar con capitanes de buques españoles que iban por la plata extraídas del Potosí Mexicanos y del alto Perú ahora Bolivia. O lo mismo podían comerciar con barcos piratas ingleses y holandeses, para ellos al fin y al cabo eran lo mismo. En las Islas es posible comer langostino a muy bajo costo, también venden bolsitas de un gramo de cocaína a 5 dólares. La parejita de Alemanes que tenían un aspecto bastante deportivo iban felices espolvoreándose la nariz con esa sustancia, cuando le pregunté a él para que consumía eso, me respondió que para sentirse feliz. Entonces eres infeliz le respondí, el me dijo que no, pero así era aún más feliz! Una noche mientras consumíamos un ron muy sabroso, el Alemán me pregunto si ya daba por perdida mi batería del celular, eso causo un tremendo conflicto entre el Ruso y yo, pues el Ruso ya se había hecho a la idea que esa batería le pertenecía, así que estuvimos muy cerca de terminar a los golpes, pero el Alemán al darse cuenta de lo que estaba a punto de suceder intervino en forma conciliatoria para evitar la violencia. Durante las mañanas yo me encargaba de preparar el desayuno y hacer un poco la limpieza del pequeño velero, después me quedaba todo el día para nadar en el mar del caribe que parece una piscina ilimitada. Así pasábamos los días sobre las islas del Caribe. Los capitanes de los veleros tienen muy mala reputación, en su mayoría alcohólicos y consumidores de todo tipo de estupefacientes llegan a quedar muy mal con sus clientes, hay malas experiencias de otros viajeros que están reportadas en internet donde uno puede leer sus historias. Nuestro capitán el Ruso no era un angelito que digamos, se tomó todo el ron de los tripulantes pero por lo menos les cumplió en tiempo. Después de 7 días cruzando por el Caribe llegamos el 24 de noviembre por la noche a la playa de la Miel, un paraíso que “pertenece” todavía a Panamá.

Paraíso, tramites, intento de coima o chantaje, bienvenidos a Colombia

Al día siguiente tuvimos que hacer los trámites respectivos de el sellado de salida de Panamá, para ello hay que ir al puerto Obaldía donde se recomienda ir sin equipaje para evitar a los muy molestos militares. Ya con el sello de salida Maureen la Neozelandesa y yo nos dirigimos hacia Capurganá ya territorio políticamente de Colombia, pero como era Sábado sólo trabajaban hasta medio día así que no pude sellar mi entrada ese día y esperar al día siguiente. Capurganá del departamento del Chocó, poco conocido incluso por los mismo Colombianos que creen que pertenece al departamento de Antioquia, está poblada principalmente de gente de color que conserva mucho de su cultura afro, es difícil no seguir sintiéndose en Panamá. Hay muchos lugares para visitar y hacer senderismo, avistamiento de aves o ir hacia Sapzurro. El domingo 26 de noviembre fui al sello de entrada, sólo había una persona atendiendo, en cuanto vio mi pasaporte frunció el ceño, me pidió mi carnet de vacunación contra la fiebre amarilla que no tenía, entonces serían 30 dólares de multa… jajaja… ni loco le iba a dar esa cantidad que de inmediato se veía una estafa total. Le dije que me iría a Turbo al sello de entrada… cuando iba saliendo de las oficinas de migración un policía me alcanzó diciéndome que volviera a pasar. El de migración de muy mala gana me puso el sello de entrada y listo. Ya estaba en Colombia del cual hablaré en las próximas publicaciones.

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